COLUMNA

Dudando con Wittgenstein: notas sobre el apartado I de las investigaciones filosóficas

por Jorge Alberto López-Guzmán *

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Preludio

La primera parte del texto Investigaciones Filosóficas de Wittgenstein inicia con un fragmento de Las Confesiones de Agustín de Hipona, donde se habla de la relación entre los ancianos y el cuerpo —me imagino que ese fragmento tiene una capacidad de análisis para entender sus reflexiones sobre el lenguaje que se expondrán posteriormente—.

Agustín, en las Confesiones (1.8): [Cuando ellos (los mayores) nombraban alguna cosa y consecuentemente con esa apelación se movían hacia algo, lo veía y comprendía que con los sonidos que pronunciaban llamaban ellos a aquella cosa cuando pretendían señalarla. Pues lo que ellos pretendían se entresacaba de su movimiento corporal: cual lenguaje natural de todos los pueblos que con mímica y juegos de ojos, con el movimiento del resto de los miembros y con el sonido de la voz hacen indicación de las afecciones del alma al apetecer, tener, rechazar o evitar cosas. Así, oyendo repetidamente las palabras colocadas en sus lugares apropiados en diferentes oraciones, colegía paulatinamente de qué cosas eran signos y, una vez adiestrada la lengua en esos signos, expresaba ya con ellos mis deseos.]

Para Wittgenstein, las palabras permiten ser el reflejo de la esencia del lenguaje humano; ya que, las palabras nombran objetos y se convierten en oraciones que permiten recrear el origen de las ideas, donde cada palabra tiene un significado que se le ha asignado, siendo este el objeto al que corresponde la palabra y con la cual se alcanzaría una determinada imagen del lenguaje humano. Según Wittgenstein, las palabras nombran objetos, cada palabra tiene un significado, este significado se asigna a la palabra que a su vez es el objeto al que corresponde la palabra.

Desde los postulados de Wittgenstein es interesante comparar la diversidad de herramientas del lenguaje y de sus modos de empleo con los que los lógicos se han referido sobre la estructura del lenguaje, es decir, quien no tenga a la vista la diversidad de juegos del lenguaje, tal vez sea vea inclinado a realizar preguntas como: ¿Qué es una pregunta?

Esta última reflexión sobre el lenguaje y las preguntas me suscita un conjunto de dudas acerca de la connotación del lenguaje; ya que, podría decirse que para no tener dudas sobre el lenguaje es necesario conocer sobre lógica y lingüística y, entonces, ¿qué pasa con aquellos que no tienen conocimiento mínimo de las connotaciones gramaticales del lenguaje? Para entender y estudiar a Wittgenstein, seguramente, hay que tener unos mínimos de conocimiento acerca de la filosofía analítica y la lógica, pero entonces, ¿dónde queda esa noción de buscar una relación entre el lenguaje y la cotidianidad? Si en términos reales, este conocimiento que expresa Wittgenstein tiende a volverse un lenguaje especializado y, por ende, excluyente.

Cuando nombramos algo le damos existencia y al darle existencia nos apropiamos, entonces forma parte de nuestra cotidianidad (en términos cognitivos), porque la utilización del lenguaje nos permite nombrar para apropiarnos de acuerdo con el contexto de cada individuo. Pero, ¿qué podría pasar con aquellos objetos que nombramos de distintas maneras de acuerdo con el contexto particular de cada persona? Me refiero a lo que se entiende por sociolecto donde la manera de hablar propia de las personas que pertenecen a un mismo grupo sociocultural puede cambiar en relación con otro grupo.

Interludio

Para Wittgenstein, el significado de una palabra es su uso en el lenguaje, y el significado de un nombre se explica en tanto que indica su portador. Por lo tanto, el significado de una palabra varía de acuerdo con su contexto, pero también, con las subjetividades que se recrean en ese contexto. Porque de una u otra manera, la construcción social de los significados se generaría de manera hegemónica por la legitimidad grupal de quienes ostentan poder en términos sociales o políticos. En otras palabras, un grupo de personas o una institución establecen lo que se entiende por su significado para luego imponerlo.

Por lo tanto, Wittgenstein plantea desde la dualidad “ni ser ni no ser” un reduccionismo en términos de existencia de relaciones entre los elementos, porque todo lo que se llamaría “destrucción” consistiría en la separación de elementos y no tendría sentido hablar de ellos, porque si no fue, no tendría sentido nombrarlo, ni decir nada sobre él. Pero entonces, ¿qué pasa con las características de los objetos que se nombran, desaparecen junto a él o se mantienen en el tiempo?, así el objeto haya desaparecido —cuando se refiere a las características es a sus usos, contextos, aplicaciones, connotaciones que, posiblemente se extrapolaron de su propio objeto y que al destruirse se mantuvieron —.

Wittgenstein esboza que en vez de presentar algo que sea común a todo lo que llamamos lenguaje, debe emplearse la misma palabra para todos a través de diferentes convergencias y, de esta manera, se podría llamar a todo “lenguaje”. Sin embargo, teniendo en cuenta lo anterior, me surge la duda, por más de que se intente asemejar el lenguaje a través de las palabras que se utilizan para nombrar los objetos y conllevar a acuerdos semánticos, también puede haber irregularidades de acuerdo con los “mini” contextos que se encuentran en los contextos. Es decir, cuando en un mismo lugar las palabras cambian de acuerdo con aspectos como la formación académica, la edad, el género, la experiencia profesional, los estratos sociales, entre otras variables de los hablantes. Entonces, ¿cómo podrían funcionar los juegos del lenguaje en estos “mini” contextos?

Así, volveríamos a la ambigüedad que se puede presentar del concepto de “juego” de acuerdo con la connotación del contexto propio de cada persona o grupo poblacional, donde cada persona es un “mundo” por sus condiciones subjetivas, sin importar que compartan unas condiciones geográficas y culturales específicas. Aunque también se podrían identificar un conjunto de convergencias mínimas que harían que se pueda entender el juego del lenguaje de la misma manera entre un grupo de personas, así como lo ejemplifica Wittgenstein, con el tema de las hojas con sus características de color y forma.

En definitiva, es importante saber quién observa algo para saber cómo lo va a observar; ya que, esto puede varias de acuerdo con la subjetividad de cada persona, y así será el nombre, usos o características que le apropie a aquello que está observando o utilizando. En este contexto, la comprensión y nitidez o incomprensión y borrosidad con la que se conciba algo depende del observador, su contexto, sus vivencias y capital social e intelectual que tenga. Por eso, Wittgenstein finaliza estos apartados planteando que el significado de una palabra depende en gran medida de los juegos del lenguaje que el sujeto conciba y que ha apropiado, así variaría la palabra de acuerdo con la familia de significados que se tenga.

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Postludio

Finalizando el apartado 109 Wittgenstein expresa que “la filosofía es una lucha contra el embrujo de nuestro entendimiento mediante los procesos de nuestro lenguaje”, lo que entiendo del postulado anterior es que la filosofía se convierte en una herramienta para luchar con las supersticiones que se producen en el marco del lenguaje y que tienden a generar ilusiones gramaticales. Pero, ¿qué podría entenderse como una ilusión gramatical según Wittgenstein? ¿Una malinterpretación? Wittgenstein plantea que la malinterpretación de nuestras formas lingüísticas tiene el carácter de lo profundo —son tan profundas como si se encontrarán en nuestro inconsciente y su significado es tan importante como el mismo lenguaje—.

Cuando los filósofos usan una palabra que tiene como objetivo captar la esencia de la cosa, deberían preguntarse por el uso efectivo de esa palabra en su lenguaje de origen, ya que en ocasiones las palabras que utilizamos transitan de su uso metafísico al uso cotidiano. Pero entonces Wittgenstein vuelve a preguntarse por la importancia de la observación, puesto que pareciera que la observación solo se encarga de destruir lo interesante. Este último párrafo me lleva a interrogarme sobre la concepción de interesante desde Wittgenstein, de acuerdo con la posibilidad de la observación para destruirlo, ¿será que lo interesante es aquello cotidiano que el filósofo busca dar una explicación metafísica para brindarle estatus social?

Y por eso creería que el interés de Wittgenstein por pensar la cotidianidad desde el lenguaje como un escenario para construir y deconstruir, para reflexionar y refutar, necesita del filósofo para su estudio. En consecuencia, la filosofía podría es una disciplina que buscaría la comprensión del lenguaje que utilizamos a diario, pero también la posibilidad de reconocer lo que no conocemos, porque como lo manifiesta Wittgenstein, un problema filosófico puede ser descrito de la siguiente manera: “No estoy versado en la materia”, así, la filosofía no usurpa el lenguaje, sino que lo describe, porque la filosofía no resuelve contradicciones, sino que a través de reglas busca comprender el lenguaje.

Para Wittgenstein, el filósofo tiene como trabajo compilar recuerdos para una finalidad determinada, es como si resguardará lo que se ha generado socialmente en una cajita de recuerdos para luego representar la realidad que lo rodea. Porque los aspectos más importantes para nosotros se encuentran ocultos por su simplicidad y cotidianidad, de ahí que, los juegos del lenguaje se conciban como objetos de comparación que arrojan luz sobre las condiciones de nuestro lenguaje por vía de semejanza y desemejanza.

De esta manera, Wittgenstein postula que una reforma para mejorar nuestra terminología podría ayudar a evitar malentendidos en el uso práctico, porque las confusiones se generan cuando el lenguaje marcha en punto muerto, no cuando trabaja. Para finalizar este escrito, quiero referir que Wittgenstein cierra el apartado 133 manifestando que el descubrimiento real es el que capacita a interrumpir el filosofar cuando se quiera, lo que hace que la filosofía apacigüe, de modo que ya no se fustigue más con preguntas que la ponen a ella misma en cuestión.

(*) Antropólogo, Politólogo. Magíster en Gobierno y Políticas Públicas. Estudiante del Doctorado en Antropología de la Universidad del Cauca (Colombia).

Agradecimiento. Al filósofo colombiano Juan Carlos Aguirre García por sus aportes en el desarrollo de este escrito.

Referencias

-Wittgenstein, Ludwig. Investigaciones filosóficas. Madrid: Trotta, 2017.

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