FRAGMENTOS FILOSÓFICOS

LOS POBRES SON LA GRAN MAYORÍA

Entrevista con Ruth Sonderegger y Ralf Grötker

por Richard Rorty

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¿Qué deben hacer los intelectuales en vez de teorizar? ¿Deberían salir a las calles e involucrarse en la política sindical, por ejemplo? ¿O deberían leer y escribir textos no filosóficos? Y en tal caso, ¿qué clase de textos?

—Creo que a mí me agradaría que hubiese más manifestaciones y huelgas. Como cuando nos manifestábamos contra la guerra de Vietnam y algunas veces los profesores nos pusimos nuestras togas, o cuando marchamos por Central Park para mostrar a todos que también nosotros estábamos del lado de los manifestantes. Imagínense que hubiese una marcha sobre Washington contra las prácticas actuales de financiación de las campañas electorales. Sin duda, sería una cosa aburrida, pero de absoluta importancia para la política americana. No haría daño a nadie si muchos autobuses llenos de profesores de todo el país viniesen para manifestarse un día entero. Sin embargo, pondría de manifiesto su interés por lo que ahora ocurre. Incluso si suena ingenuo, me gustaría que hubiese más cosas de este estilo.

Propondría que los profesores hicieran dos cosas: la primera consistiría en que explicasen a los estudiantes los libros que a ellos les fascinaron para que la tradición intelectual siguiese viva. La segunda, en ser útiles políticamente para sus conciudadanos, debido precisamente a sus conocimientos científicos. Estoy pensando particularmente en profesores de economía, sociología, política, historia, etc. Dudo, sin embargo, que los profesores de filosofía y litera tos. Sólo se les puede demandar lo mismo que a los ciudadanos ordinarios.

—Además de exigir a los intelectuales que no se dediquen exclusivamente a la teoría, usted propone que movilicen «lo que queda del orgullo de ser americano». ¿Se sigue de esto que los intelectuales se deberían convertir en poetas o ensayistas? O mejor, ¿en algo así como animadores de la nación?

—Animadores de la nación: esto es exactamente lo que espero de ellos.

—En sus primeros libros, por ejemplo, en Contingencia, ironía y solidaridad, la crueldad y el dolor fueron los conceptos centrales. Ahora usted sitúa en el centro la oposición entre ricos y pobres, ¿Ha cambiado su opinión en relación a estos asuntos o cree que las dos cuestiones se refieren a lo mismo?

—Creo que el sufrimiento de los seres humanos que no poseen suficiente dinero es un ejemplo de sufrimiento innecesario en la sociedad contemporánea, por lo menos en las actuales democracias ricas, pero algo que podría cambiar con la globalización. Hay de hecho suficiente dinero para asegurar la igual oportunidad de educación para todos los niños. A esto se refiere el eslogan «sufrimiento innecesario» del que hablé en mi último libro. Mis intereses no han cambiado tanto. Lo que ocurre es que hasta ahora simplemente nadie me ha pedido que escriba sobre política. Si yo no hubiera recibido la invitación correspondiente, probablemente nunca habría escrito sobre política.

—Usted argumenta que en lo que atañe a la filosofía, los filósofos deben encargarse por encima de todo de aquellas preguntas éticas y políticas que sean de interés público. Por otro lado, usted también propone que los filósofos dejen de ser filósofos y se conviertan en su lugar en ensayistas y críticos literarios.

—Nunca he defendido lo último.

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—Pero ¿hay todavía un lugar para los filósofos?

—La filosofía es una tradición intelectual importante. Si no se ha leído a Kant, no se puede leer a Hegel. Si no se ha leído a Platón, no se puede leer a Kant. Alguien tiene que absorber todo esto, al fin y al cabo son libros bastante complicados. Estoy contento de que haya profesores de filosofía que lean todos estos libros y los expliquen a los estudiantes. Esta es nuestra principal tarea. Creo que a veces los filósofos valoran demasiado su posición en la sociedad y en la cultura, y creo que la izquierda en particular valora demasiado el papel de la filosofía. Marx tuvo un título de filosofía y armó mucho jaleo con la filosofía. Esta es la razón por la que después de Marx se puso de moda opinar sobre la filosofía. Creo que Marx podría haber escrito las mismas cosas si hubiese sido un historiador o un crítico literario. Nosotros los filósofos nos felicitamos demasiado a nosotros mismos y hacemos como si fuésemos algo más que una continuación de una serie genealógica de textos. Si he dicho que los filósofos no deben valorarse demasiado, no significa que tenga una idea particular sobre la naturaleza o la función de la filosofía. Entre los filósofos analíticos y no analíticos se da cierta arrogancia que no les hace ningún bien.

—Así que no hay un lugar para los filósofos en tanto que filósofos en su sueño de una nueva izquierda.

—Realmente no. Puedo imaginar un lugar para los historiadores, en particular para los historiadores de la historia de los sindicatos y trabajadores en diferentes países. Evidentemente, hay un lugar para los economistas en el movimiento de izquierdas. No puedo decirles, sin embargo, qué lugar deberían ocupar los filósofos. A veces uno de ellos escribe un libro útil, pero esto también les ocurre a los críticos literarios. Cualquiera puede hacerse público en un momento dado con un libro útil.

—Nos impresiona el hecho de que su compromiso como filósofo profesional esté radicalmente separado de forma clara de su papel como ensayista político. Por un lado, está el nuevo libro político Forjar nuestro país, por otro, el tercer volumen de sus Escritos filosóficos acaba de ser publicado. (…) ¿Hay una razón por la que separa tan drásticamente estos dos géneros? ¿Es la misma persona el autor de ambos libros? ¿O se refleja en ambos estilos la separación entre lo público y lo privado?

—¿Separo las cosas más que, por ejemplo, Habermas, quien por un lado escribe Facticidad y validez, y por otro la República berlinesa*? Es la misma división de tareas. Claramente, algunas ideas son relevantes en ambos lados. Pero Habermas podría haber escrito la República berlinesa sin haber escrito Facticidad y validez.

—¿Refleja esto su distinción entre lo privado y lo público?

—No, no, no. Algunos filósofos tienen opiniones políticas, otros no. Algunas personas con opiniones políticas también las tienen filosóficas, otras no. Ambas son completamente independientes. John Dewey gastó una cantidad enorme de tiempo escribiendo libros políticos, aproximadamente el mismo tiempo que Habermas haciendo lo mismo. William james, otro héroe, por decirlo así, no le dedicó tanto tiempo a esto. El modo en el que sus cabezas funcionaron casualmente no es cuestión de principio.

—Hemos entendido que en Forjar nuestro país usted dice que los filósofos deben despedirse de las teorías utópicas, y dedicarse en su lugar a cuestiones políticas entendidas de una forma pragmática. Por otro lado, usted también sostiene la tesis de que todas las reformas políticas viven del apoyo de las visiones utópicas, ¿Cómo se ajustan estas dos cosas?

—[…] Una cosa, por ejemplo, es describir un estado ideal a finales del siglo que viene. Hay historias de ciencia ficción que cuentan cómo será formado el gobierno mundial en el año 2020 y después cómo se harían las paces entre X e Y. […] Ésta es, a mi juicio, la descripción de la utopía. La teoría es una cosa completamente distinta y no tiene nada que ver con esto. Es precisamente la gente que no ha leído ningún libro filosófico la que puede esbozar maravillosas utopías.

-Rorty, Los pobres son la gran mayoría. Extracto de la entrevista ubicada en Cuidar la libertad

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