FRAGMENTOS FILOSÓFICOS

FUTBOL Y GUERRA

por Luis Felipe Silva Schurmann

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Los espectadores de un partido de futbol pueden disfrutar de la emoción mítica de las batallas que se libran en el estadio, y saben que ninguno de los jugadores sufrirá daño alguno.

NORBERT ELIAS
(sociólogo)

Hace 22 siglos, en las lejanas tierras de lo que hoy es China, se escribió un importantísimo libro llamado El arte de la guerra, cuyo autor fue un noble general chino llamado Sun Tzu. En el libro, que en su texto original está redactado sobre tiras de bambú, se explica cómo llevar a cabo una guerra y un combate de forma exitosa. También se detalla cuáles deben ser las características de cualquier hombre en beligerancia y la mentalidad que debe imperar en todo buen comandante. En el libro podemos encontrar consejos y frases como:

      • “Si el soberano, ignorante de los problemas del mando, interfiere en la dirección de la lucha, esto generará dudas en la mente de los oficiales.”
      • “El que comprende cómo luchar, de acuerdo con las fuerzas del adversario, saldrá victorioso.”
      • “Aquel cuyas filas estén unidas por un propósito, conocerá la victoria.”
      • “Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso a cualquier lugar donde vayas.”
      • “Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso a cualquier lugar donde vayas.”
      • “Nunca se debe atacar por cólera y con prisas, es aconsejable tomarse tiempo en la coordinación del plan de ataque.”

Ahora, si hiciéramos el experimento de cambiar algunas palabras eminentemente bélicas por otras del lenguaje futbolístico; por ejemplo, si en vez de “soberano” usamos la palabra directivo, y en vez de “oficiales” usamos la palabra entrenador, podremos entender que es muy nocivo que los directivos se mezclen en temas técnicos de futbol cuando no dominan bien el mismo. Por ejemplo comprando jugadores que los entrenadores no necesitan, o presionando al entrenador para jugar de cierta manera que es más vistosa, pero inviable para la realidad del club y sus jugadores.

Asimismo, si mostramos estas frases a cualquier entrenador de futbol, reconocerá excelentes consejos para dirigir a su equipo y esto no es algo extraño, pues el futbol, como cualquier deporte, es un experimento de guerra; una batalla donde las armas son reemplazadas por pies, y donde las conductas de honor son reemplazadas por reglas de juego. El ensayista español Francisco Umbral decía que “el deporte es una estilización de la guerra”.

A lo largo de la revisión histórica del capítulo anterior, hemos conocido hechos en los cuales el futbol ha servido como una suerte de guerra alternativa a una guerra principal. También hemos visto cómo el futbol ha sido utilizado como un medio de venganza por antiguas derrotas en guerras extintas, que si bien han concluido en su periodo de actividades bélicas, continúan en odios y resentimientos animosos en la vida deportiva. Pero también hemos conocido ocasiones brillantes en que el futbol ha sido utilizado como herramienta de liberación de un pueblo oprimido o como arma mediática para lograr una ansiada y añorada independencia.

El futbol es tanto un deporte como un símbolo de lucha y representatividad; una representación de una cultura, nación, religión o clase social. Todo incluido en un enfrentamiento entre dos fuerzas que buscan el triunfo. ¿Cuáles son las razones para ganar un partido? Esas razones son tan variadas como las razones para ganar cualquier batalla en cualquier guerra.

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EL EXTRAÑO MUNDO DE LA PASIÓN FUTBOLERA

El futbol no es una cuestión
de vida o muerte, es mucho más que eso.

BILLY SHANKLY

El que no comparte el sentimiento de pasión hacia el futbol —las demostraciones emotivas de los hinchas del futbol parecen ritos paganos exóticos—, no logra entender la atención y aparente locura que desata el que “once tipos corran detrás de una pelota”, que es como se suele banalizar al futbol.

Los hinchas declaran odio a sus incógnitos adversarios y apoyo irrestricto a los héroes que representan sus colores en la cancha. Los jugadores dan declaraciones a los principales medios del mundo, las cuales son retransmitidas en horarios de alta audiencia. Las más hermosas modelos se pelean la atención de un jugador que precisamente no tiene tantas dotes estéticas como futbolísticas. Los presidentes del mundo felicitan los logros de sus selecciones y principales equipos. Los países se paralizan para atender la transmisión de un partido importante. Todo esto sucede bajo la mirada incrédula del ciudadano no futbolizado, quien tiende a pensar que la cordura ha abandonado a los fanáticos del futbol y que éstos viven en un engaño irracional constante. ¿Será tan cierto esto último?

La antropología y la psicología social desarrollaron una corriente de pensamiento muy útil para entender quién es el “loco” o el fanático del futbol o quién no se adhiere a la pasión futbolística. Este concepto es el de “interaccionismo simbólico”, el cual fue desarrollado en la célebre Escuela de Chicago en los años veinte del siglo anterior.

El interaccionismo simbólico busca analizar la acción o interacción social de los sujetos con base en la comunicación y el sentido simbólico de ésta desde la perspectiva del participante en la interacción o fenómeno. En otras palabras, y aplicando la teoría al caso particular que a este libro atañe, la teoría mencionada buscará analizar el tipo de comunicación y símbolos que existen dentro del mundo del futbol. De esta manera los fanáticos del futbol desarrollan un mundo de símbolos que son expresados en palabras que no necesariamente responden a su significado literal, sino más bien al nuevo significado que los símbolos futbolísticos han desarrollado; por ejemplo, “pecho frío” hace referencia a la falta de entrega y pasión, o “ser ratón” se refiere a la falta de ganas de atacar prefiriendo proteger la propia portería. Pero los significados no se detienen en lo técnico, sino que también desarrollan una cosmovisión que invade el diario vivir del sujeto, lo que hace que el hincha genere cambios en su imaginario social y se sumerja en fantasías creadas por su acabado conocimiento del mundo del futbol, el cual es un mundo que ahora inunda su propio mundo consiente e inconscientemente.

Y volviendo a la pregunta: ¿Quién es el loco: el hincha o el sujeto alejado del futbol? La respuesta es: ninguno, pues el sujeto no futbolizado interpreta las actitudes de los hinchas como aberrantes, irracionales y banales, sólo por el hecho de no entender los símbolos de la cosmovisión del futbol. Él no habla el idioma futbol y nunca ha pasado un buen tiempo en el país futbol, es por eso que para él los hinchas del futbol son extranjeros de ideas y lenguaje extraño. Es la misma dinámica que lleva a alguien a simplemente ver una raya negra en un cuadro blanco, pero un entendido en arte percibe extrañas intenciones y emociones invisibles para el primer observador, quien desconoce el simbolismo del estilo artístico.

-Fragmento de El futbol y la guerra

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