FRAGMENTOS FILOSÓFICOS

LIMITACIÓN FATAL DE LA FILOSOFÍA

por Emil Cioran

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp

Limitación fatal de la filosofía: nadie encuentra en las ideas lo que ha perdido en la vida.

*

La filosofía solo aplaca las rebeliones de aquellos que ya no tienen sangre. Es una palidez que se justifica a sí misma cubriéndose con la máscara de la abstracción.

*

Si hubiera podido llorar por mi existencia, haría ya mucho tiempo que me habría convertido en un filósofo racionalista. Pero las lágrimas sin ejercicio se interponen entre cualquier homenaje al espíritu y yo.

*

Dichosos los momentos en los que resisto al desvanecimiento en la poesía gracias al pudor del concepto, gracias a la teoría…, acto de decencia, rechazo del suspiro… Cuando se sabe suficiente filosofía para conseguir no ser ya uno mismo, ¿para qué sirve el pensamiento, si no es para ser otro?

*

Alguien debería emplear un arranque de honestidad y sinceridad para afirmar esto:

Todo lo que los otros piensan me parece absurdo…, sacado de la nada y sin fundamento. Lo que hace sufrir a fulano, sus preferencias, sus decisiones, no lo entiendo. El mundo se compone de vecinos impenetrables. Los otros han sacrificado su vida por nada; lo Importante no lo ha descubierto nadie, nadie se ha dedicado a ello. A mi alrededor observo destinos sustituibles; nada decisivo ni irrevocable.

El otro se equivoca; el fracasado es el vecino. ¿Por qué hace lo que hace? ¿Por qué no ha comprendido, por qué no ha renunciado?

En mi fuero interno, creo que las calorías de entusiasmo o de desesperación consumidas por el prójimo lo han sido en vano. ¿He conocido alguna vez un solo destino que sea envidiable? Todos nosotros envidiamos nuestra propia suerte. Por eso queremos vivir, sea como sea, a toda costa. Puesto que el Yo es el absoluto cero de la criatura, que esta no puede reemplazar por ninguna Divinidad.

*

Se detiene tanta gente a medio camino porque no se ha ejercitado en la disciplina del aislamiento. Cualquiera podría realizar grandes cosas con esa audacia. Pero huir de la soledad es la mejor manera de permanecer fuera de uno mismo. Y esa huida es una característica fundamental del hombre.

Cualquier vocación significa poder estar a solas con uno mismo.

Cada vez que ya no lo conseguimos, somos la sombra de nosotros mismos. Nunca hubo en el pasado una ley de la existencia solitaria, ni un camino que permitiera a los deseos contentarse consigo mismos. Ante nosotros, los paisajes cambian para excitar nuestra sed de algo más, como si el alma hubiera sido hecha para el mundo, para lo que no es ella.

*

El hombre se fortalece en la lucha contra la adversidad, ya sea inmediata o invisible, ya haya nacido en su carne o en su pensamiento. Nuestro combate contra los accidentes orgánicos, la perfidia y el encarnizamiento que desplegamos para evitar nuestro cuerpo exigen una tensión de la conciencia a la que no podríamos elevarnos mediante las más largas meditaciones. Cuando todas nuestras sensaciones parecen anunciar enfermedades, nuestra fuerza consiste en hacerlas fructificar, en canalizarlas más allá del cuerpo. Ninguna pelea con nuestros semejantes, por muy despiadada que sea, requiere tanta energía como ese conflicto que nos opone a los caprichos de nuestra médula y a los pecados nerviosos. Existir significa ser conscientes de nuestro cuerpo y de nuestra victoria sobre él. Dominar un mal ajeno a nuestra responsabilidad.

Aquel que no guerrea contra la carne tampoco lo hace contra las ideas. No es un hecho menor que el ascetismo sea la forma suprema de lucha. Sin embargo, sigue siendo necesario adaptarlo al servicio de la vitalidad. La nada tienta al espíritu, pero para la vida es un pecado. Cualquier combate contra ella presupone una lucha rigurosa contra el cuerpo. Es una batalla en lo invisible, que define nuestra disolución en las pausas del sueño y nuestra negativa, soberbia o estúpida, a ser víctimas.

Mantente al día de las novedades de Filosófica

Suscríbete a nuestro newsletter

Los pensamientos son flechas envenenadas que hacen que el arquero sea un suicida. Creíste herir al mundo con la mente y solo te heriste a ti mismo. Así debe expiar aquel que se ha elevado por encima de la vida.

*

Callejear por la Ciudad y vender a cualquier transeúnte restos de pensamientos, prostituta abstracta al servicio de lo absurdo…

*

No se necesita una gran clarividencia para comprender que las masas están oprimidas. ¿Qué esperan, aparte de la felicidad?

Regálasela al hormiguero humano, para liberarte mejor de él y evitar sus amenazas. Ninguna idea, ningún ideal, ningún encanto imposibles en un futuro imposible: dale su pan de cada día, más incluso del que quiere, atibórralo hasta que gima, deja que se revuelque en la saciedad. Cuando esa posibilidad inmediata impida respirar al rebaño de los mortales, los problemas sociales cesarán en el acto. Sin saber ya qué hacer con su felicidad, la gente empezará entonces a inspirarse un odio mortal, mirará la prosperidad con asco, anatematizará a esa Providencia que la habrá ahogado en la lasitud de la abundancia; asqueada de sí misma, se matará entre sí con la pasión y con el refinamiento propios de los estetas y de los asesinos. El paraíso humano, saturado de satisfacciones terrenales, abandonará el paraíso soñado, por el que la humanidad ha sufrido tanto; se maldecirán la utopía y la sangre por ella derramada…, y la Historia volverá a empezar, más cruel que antes, más despiadada que en los tiempos de las injusticias y de las persecuciones… Las masas están perdidas porque el humano no puede soportar la felicidad; solo puede soñar con ella.

*

La nobleza del pensamiento es visible en el hastío que todo lo que sucede inspira. En su búsqueda de un fuego abstracto y de un ardor ideal, se despliega más allá de cualquier acontecimiento y más allá del ser. Incluso el amor, por el cual el espíritu se humilla en la carne, le parece deseable, porque es irrealizable y porque alimenta una languidez superior a cualquier realización. El pensamiento vaga en busca de lo indecible. Y como aquí abajo todo tiene un nombre, este mundo no está en condiciones de prodigar ningún remedio para su desamparo.

*

En cada encuentro con el prójimo, hombre o mujer, sensato o cretino, las preguntas son las mismas: ¿por qué no se mata?

¿Cómo es posible que no piense en el suicidio? ¡¿Cómo es que ignora hasta qué punto no sirve para nada?!

Cada hombre desea secretamente librarse de todos los demás.

*

Los modernos reemplazaron el mito del paraíso por el culto a la música…, arte del pesar sonoro y comentario inefable a todas las pérdidas. En tiempos de la fe, el sonido era un instrumento, y no un alimento; nuestras dudas lo han transformado en sustancia. La música, finalidad del corazón…, ¡qué peligroso síntoma para la reputación de los instintos!

*

Aunque he dedicado la prioridad de mis esfuerzos a liberarme de la servidumbre a lo Efímero, no hay nada entre todas las cosas pasadas que no lamente. El lamento hace que incluso una lombriz anónima antaño pisoteada me resulte más grata que cualquier astro puro. La vida clama contra la vida. Solo sus agujeros continúan honrando la eternidad con sus genuflexiones y dividiéndonos, apeándonos de nuestra participación en el tiempo.

*

¿Qué responder al que te pregunta por el objetivo de su existencia y de la de los demás, de cualquier existencia?

«Vive con vistas a agotar el contenido de tu ser, respira hasta el último estremecimiento de tu cadáver, no dejes que nada te sobreviva, aniquila tus fuerzas en actos, vela por cada instante hasta la carroña final, sin dejarte llevar nunca por la irónica protección de ninguna ilusión. Cuando tu alma ya no pueda alimentar ni tu sed de futuro ni ninguna desesperación, la que sea, habrás cumplido el objetivo de tu ser. En este mundo todo tiende —activamente— a dejar de existir. Solo de esa manera la creación es útil, y la destrucción, una acción positiva. El mal es la apatía; la extenuación que nos genera la actividad va en el sentido de nuestra vocación. Aquel que espera se apaga en vida; aquel que lo ha dado todo ya no teme el óbito, asimila su tumba antes incluso de estar muerto. El agotamiento total es el remedio contra todas las angustias y un símbolo revelador de la existencia de valores. El individuo debe aspirar a su propia aniquilación. Esa es la ambigüedad de la fertilidad. Si el ser no es la Nada, es en la medida en que se precipita a Ella.»

-Fragmento de Ventana a la nada

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

This site uses User Verification plugin to reduce spam. See how your comment data is processed.