PERSPECTIVA

Entre el crepúsculo y la aurora: Prospectivas de un cambio en educación. Ecuador: 2020

por Carlos Paladines

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Introducción

A finales del año pasado me propuse examinar el sistema educativo vigente y su posible superación. Los levantamientos populares e indígenas de octubre del 2019, el Coronavirus (Covid-19) en expansión y a la crisis económica que les acompaña, marcarán un cambió en el Ecuador que no dejará de afectar a la educación. La sociedad actual es posible que se vea forzada a reaccionar ante  cada uno los tres acontecimientos en mención.

Además manifesté que el 2020 sería un año eminentemente político. El 2021, de mantenerse el actual gobierno, habrá que elegir: 137 Asambleístas: 15 Nacionales, 116 Provinciales y 6 del Exterior; 5 Parlamentarios Andinos; 1 Presidente y 1 Vicepresidente. El padrón electoral contará para el 2021 con aproximadamente 13’800. 000 electores.El Consejo Nacional Electoral habla de $12/15 000.000 solo para la adquisición de un nuevo sistema de información y control electoral y cerca de 100.000.000 ($ 96.299.771) para financiar los gastos que le demandará  organizar uno de los procesos “claves” para la vida en democracia. Televisión, prensa y redes sociales; partidos y movimientos políticos;  empresas de opinión y mercadeo político; candidatos y listas a elección popular; pintores, imprentas, equipos de sonido, constructores de tarimas, fabricantes de pancartas,  camisetas y calendarios… se pondrán en movimiento, en forma intensiva, en los meses últimos de campaña.  Si hubiera segunda vuelta, el proceso electoral se alargará hasta el  11 de Abril 2021 y se prolongará aún más si el tsunami de la salud que ha comenzado a expandirse en estos meses: el Coronavirus (Covid-19) y la agudización de la crisis económica que trae a sus espaldas, obligan a posponer algunas fechas del proceso electoral.  

¿Cómo hacer para que la campaña política  que ha comenzado a montarse algún rato dirija su atención al ámbito educativo? ¿Será posible conseguir que los candidatos, algunos de ellos presten atención a la educación? ¿Qué políticas sobre educación no serán más que ofrecimientos “vacíos”, sin cálculo de recursos, tiempos y personal para su implementación? Los jóvenes estudiantes entre 16 y 18 años, cerca de un millón, cómo reaccionarán ante el precepto constitucional último (Art, 62)?

A estas preguntas se pueden añadir algunas más: ¿será posible debatir sobre la educación en coyuntura tan adversa como la que vive y vivirá el país en cuanto a salud y economía? ¿Estará aún a nuestro alcance conseguir las condiciones mínimas para que las piezas del tablero político se muevan a favor de la educación?¿Dispone la elite política de información al respecto? ¿Tiene el magisterio a nivel nacional la fuerza suficiente para forzar a los políticos a que en su agenda tomen en cuenta las demandas educativas a nivel local?

A pesar del escepticismo e incluso del pesimismo que en esta hora nos puede invadir al abordar la prospectiva de la educación, puede ser de utilidad presentar y preparar un “diagnóstico” breve de la misma e incluso esbozar las tendencias de desarrollo que podría seguir ella a futuro, más allá de las subjetividades y “buenas intenciones” que no faltan cuando se habla de educación. Aún cabe, en un escenario tan adverso batallar por la transformación de la educación sin ingenuos optimismos ni declaraciones líricas.

Para el efecto no habrá que cerrar los ojos a la coyuntura política, económica y social en claro deterioro y recesión. El proceso electoral no ofrece  ni ofrecerá mayores oportunidades para el debate educativo, pues ni los dirigentes políticos ni las demandas ciudadanas tienen como a ella como uno de sus centros de atención. Hay otras prioridades y algunas urgentes: resolver la crisis económica, generar fuentes de trabajo, atender a las necesidades básicas de alimentación, salud, educación y seguridad, conseguir la repatriación de los capitales que nuestras élites económicas han depositado en el exterior, renegociar la deuda externa, cobrar las ingentes sumas que se ha llevado la corrupción… En el ámbito económico diversos índices como los de empleo y sub empleo, pobreza y miseria, riesgo país se han agravado. Los pronósticos sobre el desarrollo económico en este 2020 como en los dos próximos años no llegan según los más optimistas ni al 2%. Nuestros vecinos tampoco la pasan de lo mejor. Latinoamérica  ve año tras año reducirse su ritmo de crecimiento y las predicciones últimas señalan que el desarrollo económico de la región, en menos de un año se redujo de un 1,4% a 0,6% a mediados del 2019 y se calcula en un 0,2%, para finales del 2020. En 2002 había 57 millones de personas en situación de carestía extrema en América Latina; 15 años después la cifra subió a 62 millones; en 2008 fue de 63 millones, según la CEPAL. No se recuerda recesión más prolongada en América Latina que esta última. Solo la pandemia amenaza con dejar entre 14 y 22 millones de personas más en pobreza extrema.[1] 

Por eso habrá que tomar en cuenta que de buenas intenciones está empedrado el infierno y (Maquiavelo Nicolás, 1984:76), con toda razón señalaba que:

Figúrase a veces la imaginación repúblicas y gobiernos que nunca han existido; pero hay una distancia tan grande del modo como se vive al como deberíamos vivir, que aquel que reputa por real y verdadero lo que sin duda debería serlo, y no lo es por desgracia, corre a una ruina segura e inevitable.»

Sin embargo, de cara a un escenario tan adverso, en cada etapa histórica, en tiempos de la ruptura con España y el sistema colonial, en tiempos de la desintegración del país en cuatro gobiernos autónomos: 1859-1861, en la etapa del liberalismo, en la revolución juliana, en el retorno a la democracia… se supo desmontar y demoler estructuras que se consolidaron por décadas; levantar procesos, conseguir actores, sensibilizar a la élite política, implementar programas renovadores y expedir leyes que modificaron el quehacer educativo nacional. También hoy es posible transformar en una oportunidad un escenario adverso y al  mismo tiempo construir los cimientos y levantar las columnas de un edificio diferente para la educación; también en un año eminentemente político es posible llevar la educación hacia la mesa del debate político; también hoy estamos obligados a promover la innovación en educación, ya que el modelo educativo vigente que depositó en manos del Estado la gestión y administración de los más variados ámbitos de la educación e incluso de la “cultura” nos ha conducido a un callejón sin salida, que repercute más temprano que tarde en el acceso a los estudios universitarios, al mundo del trabajo, al bienestar ciudadanos y  hasta en la politiquería y el populismo  que se alimenta en la baja formación ciudadana que se brinda en los establecimientos escolares.

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El presente trabajo, intenta vincular con un presente inmediato nada halagador lo que se necesita a mediano y largo plazo implementar en educación; abrir posibilidades para dialogar y alcanzar acuerdos sobre lo fundamental en educación, a fin de mejorar de manera significativa el acceso a una educación de calidad, en especial de aquellos grupos en situación de mayor vulnerabilidad. Para el efecto, en un primer momento, se concentrará la atención en algunas áreas importantes: recursos para la educación, la reforma curricular, la calidad de la educación… y hará breves referencias, no exhaustivas, a la situación de la gestión y administración educativa, a la formación y capacitación del magisterio, a la calidad de la educación, etc. Se examinará algunos ámbitos de la educación en crisis –no todos ni los más importantes– que los gobiernos de turno, incluido el de Alianza País, no han podido superar y que luego de la “década ganada” tampoco han mejorado. Algunos problemas de la educación son de antigua data, que arrastramos desde hace ya algunas décadas. En cualquier caso, se requiere con urgencia prestarles atención e iniciar un giro de ciento ochenta grados, lo más pronto posible.

Reconocer a fondo al “adversario”, –fase de diagnóstico– es uno de los primeros principios de una buena estrategia. Conocerlo significa no solo conocer sus defectos y debilidades: significa saber también de sus virtualidades y fuerza, y entre ellas una de las principales ha sido su capacidad de «pervivencia» o sobrevivencia, lo que conlleva apreciar exactamente lo que cuesta superar a esos círculos educativos trágicos y perversos, saber hasta qué punto han penetrado en nuestra actividad académica y medir hasta qué punto nuestra crítica a ellos no ha sido más que una vaga denuncia, al término de la cual nos espera “más de lo mismo”. Cuando creíamos escapar o vencer al establishment educativo, él se ríe de nosotros y nos aguarda al doblar la esquina inmóvil e imperturbable.[2]

El segundo momento de este  trabajo se concentra en las expectativas o posibilidades de cambio en la educación desde una determinada perspectiva. Se dirigirá la atención al análisis de los principales universos discursivos últimos sobre el sistema educativo y, finalmente, espero que con algo de realismo, se diseñará una <<prospectiva>> con los presupuestos o condiciones que habrá que tomar en cuenta para levantar un nuevo modelo educativo que no repita “más de los mismo” sino que más bien marque una ruptura/destrucción/desmontaje del statu quo vigente en educación.

[1] Banco Central del Ecuador, Boletín No 69 – 2002. I Trimestre – 2019. III Trimestre. Diario El País, Titular, 4 de abril, 2020.

[2] Cfr. Michel Foucault, El Orden del Discurso, Barcelona, Tusqueta Edtrs. 1970, p. 64.

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